Nos gustaría compartir con vosotros una reflexión que nos parece importante para continuar mejorando nuestro nivel de juego.

Si somos sinceros, cuando hablamos después de un partido, casi siempre nuestro estado de ánimo y nuestra percepción de lo ocurrido, depende en un altísimo grado de si se hemos ganado o perdido el partido, es decir del resultado final.

Lo que pensamos sobre un partido, no hablo de finales o de partidos especiales, puede cambiar simplemente porque en el último minuto gracias, por ejemplo, a un golpe de castigo ganemos el partido o lo perdamos, independientemente del juego desarrollado hasta ese momento.

Es decir, ponemos el resultado como el gran objetivo y dependiendo de él hacemos las valoraciones del juego.

Este juego esta diseñado desde su prologo para que dos equipos busquen acorde a las reglas marcar más puntos que el adversario pero nuestro trabajo es separarnos un poco de la visión del simple espectador, sin dejarnos llevar por la vorágine del resultado y centrándonos en el proceso para lograr un resultado positivo sin olvidarnos que a veces se gana “a pesar de lo que se hace no por lo que se hace”.

Este concepto de ganar “a pesar de lo que se hace no por lo que se hace” se da muchas veces cuando la diferencia entre los equipos que juegan es muy grande y esto, en nuestras ligas, se da con demasiada frecuencia.

Por tanto, la primera idea es olvidarnos de los resultados, “queremos ser Campeones de Madrid de…” y centrarnos en la “Formación de los Jugadores” desarrollando en ellos todo su potencial de futuro, con la convicción de que formación y resultados no son antónimos sino sinónimos y que el resultado debe ser la consecuencia de lo que hacemos pero nunca debe condicionarnos, pues en ese caso es posible que obtengamos algún tipo de ventaja o logro en el corto plazo pero en el medio o largo plazo se va a volver en nuestra contra.

El objetivo real debe ser “que cada jugador llegue a ser el mejor jugador que pueda llegar a ser” y en todos los equipos debe primar este concepto teniendo en cuenta que la formación del jugador empieza por crear en él actitudes, hábitos y rutinas como personas y deportistas para que a partir de esa base crezca un jugador de Rugby con la capacidad de competir con éxito.

Muchas veces estamos más centrados en el rendimiento del equipo que en la formación de los jugadores que lo forman.

En estas edades debe primar el compromiso, el esfuerzo y la implicación sobre aspectos puramente de rendimiento y nuestro objetivos será lograr el equilibrio entre estos dos aspectos, lograrlo supondrá que los mejores lo serán a nivel de su proceso de formación, de su implicación en el desarrollo del equipo y en su capacidad de rendir en el campo en el corto pero especialmente a largo plazo a partir de su motivación por desarrollar todo su potencial.

En esta idea, cabe destacar, la necesidad de que las exigencias de entrenamiento y juego es decir de la competición estén al nivel de los recursos del jugador.

Un partido donde el potencial del jugador esta muy por encima de las exigencia que le plantea cada acción de juego, lo único que va a traer como consecuencia es o una bajada del nivel del jugador o lo que es peor la adquisición de vicios y defectos pues haga lo que haga siempre va a ganar los duelos que se produzcan.

Esto es especialmente pernicioso en el caso de los jugadores dominantes físicamente.

Como consecuencia, los entrenadores debemos dejar a un lado nuestros egos y si es necesario prescindir de jugadores de nuestro equipo por edad pero de una categoría superior por recursos.

En estos casos, hay que, de forma definitiva o en momentos concretos de la Temporada, subir a entrenar y a jugar a estos jugadores a la categoría superior.

Los equipos de los clubes no son grupos estancos son periodos en el proceso de formación de los jugadores y la comunicación entre los entrenadores debe ser constante para detectar cuando un jugador necesita jugar a otro nivel.

Ganar o perder son conceptos que deben manejar aficionados, padres… es lógico pero los entrenadores debemos centrar nuestra intervención siempre en “como ganar” pero siempre en el contexto del grupo de edad en que estemos implicados.

Hay equipos del club, que esta Temporada posiblemente logren títulos pero que en la valoración que hacemos de ellos es que no se ha desarrollado todo su potencial tanto a nivel colectivo como a nivel individual y sin embargo otros equipos, alguno de los Blanco, que han tenido una progresión importantísima, donde realmente ha habido una intervención positiva del grupo técnico.

No pensemos en Títulos pensemos en tener Buenos Jugadores de Rugby y Equipos que Jueguen un Buen Rugby y dejemos que como consecuencia lleguen los resultados cuando deban llegar.

Estos párrafo, leídos simplemente no valen para nada, no dejan de ser palabras con una buena intención pero para que sean efectivas estas palabras deben transformarse en Acciones que desde este momento os animamos pongáis en marcha.

Estas Acciones deben realizarse en varios planos y realizarse por diferentes personas e instituciones, como entrenadores debemos centrarnos en aquellas que directamente podemos provocar, mientras que los Clubes debemos proponer cambios a las Federaciones tanto a nivel territorial con nacional.

Necesitamos competiciones por niveles de juego, actividades donde los jugadores de diferentes clubes se agrupen para entrenar y jugar en función de su nivel y no me refiero a selecciones e incidir en reducir al máximo los partidos con diferencias excesivas de puntos.

Por poner ejemplos concretos:

• Competiciones donde desde un principio los equipos se agrupen por su nivel de juego en función de los resultados de Temporadas, atendiendo los resultados de dos categorías a la vez (resultados del grupo Sub – 14 y Sub – 16 para hacer los grupos de Sub – 16), con la posibilidad de subir o bajar de grupos a mitad de la competición según las clasificaciones.

• Competiciones por año de nacimiento cuando por el desarrollo del número de licencias o haga posible.

• Competiciones específicas para los Equipos B.

• Establecer normas por las cuales cuando el marcado señala una diferencia de 30 puntos, el resultado se da por definitivo, se mezclan los jugadores haciendo dos equipos nivelados y se sigue jugando.

• Cada X número de jornadas de competición (4 partidos aproximadamente), juntarse en varios campos grupos de 4 equipos por su clasificación (los 4 primeros juntos en un campo, los 4 siguientes en otro…), realizar un entrenamiento de 45 minutos con objetivos marcados desde la Federación y coordinado por los entrenadores y finalizar con partidos con los jugadores mezclados y con objetivos de juego en función de los entrenado.

Hace pocas semanas, asistir a una serie de actividades desarrolladas en Sant Cugat por técnicos del Stade Toulousain invitados por la Federación Catalana de Rugby y me gusto su idea de tener además de Entrenadores de Equipos, es decir técnicos que tienen la responsabilidad directa con cada uno de los equipos del club, tener Entrenadores de Club, es decir técnicos que rotan por los diferentes equipos del club desarrollando en diferentes sesiones a lo largo de la Temporada sobre temas concretos vinculados a la formación del jugador y a su desarrollo, por ejemplo Técnico de Continuidad o Técnico Técnica Individual, cada club sabrá lo temas de referencia que le gustaría que desarrollasen pero lo importante es que estos Técnicos de Club no centran su intervención sobre el rendimiento del equipo sino sobre la performance de los jugadores en temas muy vinculados al juego y al jugador.

Como es obvio estas propuestas no dependen solo de nosotros pero lo que si directamente podemos hacer es poner en el centro de nuestra intervención al Juego y al Jugador y desde este momento os animamos a que lo sigáis haciendo, aprovechando para felicitándoos por la labor que estáis desarrollando y solicitando que dediquéis unos minutos a reflexionar sobre estas ideas.

Gracias.